Casa SM: La cubierta como acto de precisión y flexibilidad

Por Edgar Beltrán
4 de abril de 2026
Detalle del sofito que muestra el sistema de vigas transversales y longitudinales — Casa SM
Detalle del sofito que muestra el sistema de vigas transversales y longitudinales — Casa SM
Plano de planta: rejilla de vigas y zonas estructurales — Casa SM
Plano de planta: rejilla de vigas y zonas estructurales — Casa SM
Estructura de acero reforzado durante la construcción — Casa SM
Estructura de acero reforzado durante la construcción — Casa SM

El 2 de octubre de 2019 visité por primera vez la casa del arquitecto Javier Sordo Madaleno. Estábamos próximos a concluir la renovación de una cancha de tenis en su propiedad cuando, durante ese recorrido, compartió su intención de construir una nueva casa. La emoción inicial cedió rápidamente ante una sensación de responsabilidad: la casa existente era arquitectónicamente notable y portaba un profundo valor simbólico y familiar.

Esa primera visita también me permitió re conectar con la visión de Javier, que había encontrado por primera vez once años antes en el libro Arquitectura en Cuatro Elementos, con fotografías de Ignacio Urquiza. Estar ahí me permitió confirmar una constante en su obra: la relación entre memoria, paisaje y arquitectura. Bastaba recorrer la galería de acceso para hacerlo evidente: una apertura acristalada y estrecha conectaba el interior con el jardín, donde un fresno —plantado por su madre décadas atrás— anclaba la historia familiar al sitio. Ese árbol se convirtió en el centro del proyecto.

Meses después, trabajando con Javier y sus hijos Fernando y Javier, definimos una premisa clara: mantener una relación constante entre el fresno y los espacios principales de la casa. No se trataría de enmarcar el árbol desde un espacio, sino integrarlo, eliminando la línea entre el interior y exterior. De esta idea surgió la cubierta como sistema organizador del proyecto.

La propuesta adoptó un sistema de concreto aparente, entendiendo la estructura como la propia expresión arquitectónica. Una cubierta monolítica —que cubre 992 m² de la casa— descansa sobre tres ejes longitudinales de muros orientados hacia el jardín.

El objetivo era equilibrar masa y gravedad mientras se generaban espacios flexibles y generosos —con alturas y escalas variables según su uso— para una familia en evolución. Esto exigió una postura de diseño clara: entender la arquitectura como un proceso de integración de múltiples disciplinas, donde la ingeniería, la construcción, las instalaciones y la dinámica familiar coexisten y demandan versatilidad.

En la cubierta, como en la casa, la geometría es rigurosa. Está compuesta por 29 trabes transversales (20 × 80 cm, 28.06 m de longitud) separadas a cada 1.22 m, y cinco trabes longitudinales (61 × 80 cm, 35.38 m). La sección nunca supera los 80 cm de peralte, lo que logra una expresión esbelta en todas las fachadas, casi como si la estructura estuviera suspendida. El sistema opera en tres condiciones: zonas cubiertas con una losa de 20 cm y una estructura secundaria que modula la escala interior; zonas perimetrales abiertas donde la ausencia de losa permite que la luz filtre a través de la geometría estructural; y finalmente, un vano al sur que interrumpe el sistema para permitir el paso del árbol.

Este último gesto no fue impuesto: se definió en obra, adaptándose a la anatomía del fresno.

La mezcla de concreto se diseñó con base en cemento blanco, agregados de mármol y un pigmento de arena clara para lograr un tono cálido y atemporal. Además, se incorporó un aditivo autocompactante para permitir que la cubierta completa se colara en un solo día. Alcanzar esta especificación requirió múltiples muestras, modelos de prueba y una coordinación precisa entre el equipo de diseño, el contratista y el proveedor de concreto.

Estructuralmente se optó por un sistema postensado, poco común en proyectos de esta tipología y escala. Esta estrategia redujo la cantidad de acero de refuerzo, controló las deflexiones y optimizó costos, particularmente en las zonas en voladizo. Los detalles fueron afinados y coordinados mediante pruebas digitales y físicas en conjunto con el consultor de diseño estructural y el especialista responsable de implementar el sistema en la obra.

La complejidad de la cubierta radica también en la integración de iluminación, sistemas de climatización, ventanas y sistemas de sombreado motorizados, así como una cubierta retráctil automatizada que permite transformar la biblioteca en un espacio semiabierto en aproximadamente 45 segundos.

Todos estos elementos fueron coordinados con precisión dentro del trazo de la cimbra.

La planeación tomó tres meses. En este tipo de proceso constructivo el margen de error no existe.

El colado de la cubierta se realizó el 17 de febrero de 2024: 220 metros cúbicos de concreto se colaron en una operación continua de 14 horas, con un equipo de 70 personas y 21 camiones de concreto. Fue un ejercicio de precisión logística.

Trece meses después, la casa fue inaugurada.

Hablar de la cubierta es hablar del proyecto en su totalidad: una síntesis de técnica, memoria y tiempo.